Monvínic Store Blog - Orange wine. Vinos naranjas.

Por Delia García

Muchos de vosotros nos habéis pedido que especifiquemos los vinos blancos que tienen un perfil Orange Wine (Vinos Naranja), así que hemos decidido crear una categoría nueva que se llama precisamente así, ORANGE WINE, en la que incluiremos estos vinos tan originales y auténticos. Si quieres saber un poco más, a continuación explicamos un poco por encima de qué se tratan.

¿Qué es un Orange Wine?

Dentro de los vinos Orange Wine encontramos un conjunto bastante heterogéneo de vinos blancos elaborados en distintas partes del mundo y en apariencia tienen características organolépticas bastante diferentes a los vinos blancos más comunes y generalizados que podemos encontrar en el mercado. Una de sus principales características es su color más oscuro, un color ambarino tirando a  anaranjado, de ahí su nombre. Este color es el resultado del principal hecho diferenciador en la elaboración de este tipo de vinos: la maceración del mosto/vino con las pieles de la uva durante la fermentación/crianza.

En las vinificaciones convencionales de vino blanco, la uva se despalilla y el mosto se separa de las pieles y del resto de la parte verde de la uva en un momento inicial del proceso. En algunos casos, en estas vinificaciones más comunes se hace una corta maceración pre-fermentativa con las pieles de la uva despalillada utilizando la refrigeración o la adición de nieve carbónica que directamente congela la uva, una maceración con frío con la que se consigue antes de la fermentación alcohólica mayor extracción de precursores aromáticos y más intensidad de color. Pero esta técnica en la vinificación  poco tiene que ver con las prácticas artesanales ancestrales que se utilizan en la elaboración de los vinos naranjas tradicionales.

Vinos más estables. Protección natural.

En las elaboraciones del Orange Wine el mosto está en contacto con los hollejos de la uva de forma natural, sin la protección que aporta la tecnología de la refrigeración y la adición de SO2 contra la oxidación, las bacterias o el arranque de la fermentación. Claramente la producción de este tipo de vinos está estrechamente ligada a la cultura de los vinos naturales, a prácticas manuales más primitivas y ancestrales que se conservan desde hace miles de años y que está estrechamente ligada a la utilización de ánforas de terracota como recipiente de fermentación y maduración, aunque se elaboran vinos macerados por todo el mundo también en otros recipientes, principalmente barricas y tinas de madera.

Los mostos pasan por un proceso de fermentación con sus levaduras autóctonas en contacto directo con la uva entera o un poco rota y a veces también junto al raspón, removiendo los hollejos de forma manual y suave para conseguir mayor extracción y generar un proceso que estabiliza el vino de forma natural, sin necesidad de añadir ningún tipo de producto enológico o conservante, como levaduras o  como el anhídrido sulfuroso, y sin ningún tipo de refrigeración ni control de temperatura.

El contacto con las pieles puede prolongarse desde unos pocos días a largos períodos, en algunos casos hasta muchos meses. De esta manera, la aportación de los hollejos está presente no sólo durante una etapa inicial de maceración, sino que está también durante toda la fermentación alcohólica e incluso durante las crianzas, de forma análoga a lo que ocurre en la elaboración de los vinos tintos.

Ancien Wine Culture

Esta tradición ancestral es originaria de las regiones del Cáucaso, principalmente en Armenia y Georgia, cuna mundial de la producción de vino hace más de 6000 años. Esta práctica estaba basada en la preservación natural del vino ante uno de los problemas más comunes del mosto; la oxidación. Con las maceraciones largas se crean durante la fermentación mayor cantidad de sulfitos naturales que protegen al vino de esta oxidación y hacen innecesaria la utilización de conservantes. Generalmente estos vinos se elaboraban en grandes ánforas llamadas kvevri en Georgia y Karas en Armenia, recipientes más grandes que las ánforas romanas, de unos 500 L, y de barro cocido a alta temperatura (sobre unos 1.000 grados), un tipo de material poroso que se recubría con cera de abeja para hacerlo más hermético. Estaban enterrados en el suelo, en la bodega o en el viñedo, con la parte superior abierta y con una tapa que permitía realizar los diversos trabajos de removidos y rotura del sombrero. El hecho de estar enterrados permite tener una temperatura fresca de forma constante siempre. Si tienes interés por saber más sobre la elaboración de los vinos en ánfora, échale un vistazo a los libros que han publicado Keiko Kato y Maika Masuko llamado “Voyage en Amphore” o el de Alice Feiring “Fort he love of wine”.

Como la gran mayoría de propiedades organolépticas de la uva residen en la piel, lo que aportan al mosto estas largas maceraciones son una serie de modificaciones en el vino que son rechazadas en la elaboración de los vinos blancos más comunes, unas modificaciones basadas en el enriquecimiento en el mosto de diversos compuestos y nutrientes, principalmente ácidos grasos, compuestos nitrogenados y polifenoles.  Así, a simple vista, puede parecer que son vinos con defectos, ya que son turbios y de color oscuro, lejos de los tonos amarillos limpios y claros de los vinos blancos.  Aquí la pigmentación es intensa, la extracción de taninos es igualmente alta y la influencia fenólica origina un perfil aromático algo distinto a los aromas varietales frescos y primarios. A parte de tener un perfil aromático diverso, también se da una disminución de la acidez a causa de la salificación parcial de los ácidos orgánicos como consecuencia del aumento de la concentración de potasio liberado por los hollejos. Disminuye el ácido tartárico y aumentan el ácido málico y el potasio, dándose una disminución de la acidez total y un aumento el PH del vino. Así, en principio estos vinos tienen una acidez menos marcada.

Otra de las consecuencias de estas largas maceraciones con las pieles es el aumento de los poliósidos neutros que originan más sensación en boca de volumen y estructura. A esta sensación más plena en boca, hay que añadir la sensación de más estructura que aporta la mayor extracción de taninos,  lo que origina que sean vinos con una importante carga en materia y densidad, una dimensión  en boca que resulta inusual siendo un vino blanco y que los convierte en vinos potentes y estructurados.

Georgian Amber Wines. La tradición georgiana.

Son vinos peculiares y desconocidos que generalmente resultan impactantes inicialmente ya que durante mucho tiempo han estado olvidados y prácticamente eran inexistentes en el mercado del vino. Pero lo cierto es que se han seguido produciendo ininterrumpidamente desde siempre en algunas regiones caucásicas como en Georgia con variedades autóctonas Rkatsiteli, Mtsvane, Chinuri o Chjaveri. Allí hoy en día siguen haciendo estos vinos pequeños viticultores que hacen vinos impresionantes como Iago Bitarishvili, Nikoloz Antadze, Ramaz Nikoladze, Pheasant’s Tears, Chveni Ghvino o Nika Bakhia .

Por suerte en los años 90 se dio algo así como un “redescubrimiento” de este tipo de vinificación tan especial por parte de algunos pequeños elaboradores  siguiendo los preceptos de Georgia entorno a la maceración con las pieles y al uso de las antiguas ánforas de arcilla de terracota Kvevri. Todo empezó en la zona fronteriza de Friuli italiano con la Eslovenia occidental.

En Italia, uno de los primeros en originar este renacimiento fue Josko Gravner en Oslavia (Friuli) con un vino del 2001 criado en kvevri georgianos después de un viaje a ese país cuando aún pertenecía a la Unión Soviética. Luego siguieron otros elaboradores naturales comprometidos con la recuperación de técnicas ancestrales en Italia como Stanislao Radikon, Castello di Lispida en Padova, Paraschos Evangelos, Dario Prinčič, Franco Terpin, Bressan en Gorizia, Zidarich en Trieste, Paolo Vodopivec … y también en otras regiones italianas  como en La Emilia La Stoppa con su “Ageno” , Cornelissen y COS en Sicilia, Paolo Bera en la Umbria o Giampiero Bera de Monastero Suore Cistercensi en Lazio, Casa Belfi, Le Coste, Cantina Giardino, Guttarolo, Foradori, Lammidia, Salvo Foti…

En Eslovenia, en las regiones de Brda, Karst y Vipanvska Dolina, existen también gran número de viticultores que hacen sus vinos naranjas como Movia en Brda, Branco y Vasja Čotar en Carso, Edi Simčič, Klinec en Medana, Acci Urbajs con su vino “Organnic Anarchy”, Valter Mlečnik, Sumenjak, Druzina Erzetic o Stekar.

Por suerte cada vez se encuentran más exponentes de pequeños elaboradores artesanales que se aventuran a vinificar estos vinos llenos de personalidad y hoy en día se hacen vinos macerados con las pieles en muchas partes del mundo. En Croacia hay gente como Roxanich o Giorgio Clai, en la República Checa Milan Nestarec  o Stawek, en Áustria Werlitsch, Sepp Muster o Strohmeier, en Francia Domaine des Miquettes, en Grecia Jason Ligas o Anatolikos, en España hay productores como Rafa Bernabé Navarro, Vinos Ambiz, Rubor Viticultores, Sicus, Esencia Rural, Escoda-Sanahuja, Laureano Serres-Montagut, La Perdida… en Chile De Martino y algunos Moscateles de los Pipeños del sur, en Nueva Zelanda los vinos de Cambridge Road y de Alex Craighead, en Australia… y en Estados Unidos hace tiempo que existe un gran interés por este tipo de vinos a nivel de consumo y hay un movimiento de producción bastante energético con bodegas como Ambyth, Deux Punx, La Clarine, Clos Saron, Deep Creek, Broc Cellars, Matthiasson en California o Wind Gap en California y Johan Vineyards y Antica Terra en Oregón.

Un perfil muy original

Pese a que existe desde hace un tiempo gran curiosidad por estos vinos y cada vez hay más productores que se animan a vinificarlos, claramente son vinos muy singulares y en general desconocidos, por lo que originan diferentes opiniones sobre su calidad. Dejando a un lado cuestiones visuales que sorprenden y que son consecuencia directa de su método de vinificación, como su color anaranjado y su aspecto algo turbio, ya que se embotellan sin clarificar ni filtrar, al consumidor, principalmente, son vinos que lo sorprenden a nivel aromático y gustativo ya que difieren bastante de los vinos blancos comunes, incluso cuando éstos están muy envejecidos.

Con tantas procedencias, variedades y formas de elaborar distintas, resulta muy complicado establecer unas características comunes para definir estos vinos. Generalizando mucho mucho, se podría decir que a nivel aromático son de gran complejidad pero con una cierta austeridad. No se suele encontrar una explosión intensa de fruta y flores frescas, sino más bien aromas profundos y sutiles de fruta madura y hierbas aromáticas. Suelen estar presentes  las frutas blancas y de hueso como la manzana Golden, el membrillo, el níspero, el albaricoque o el melocotón, la piel de cítricos, las hierbas aromáticas y el matorral como la manzanilla, el romero, el hinojo… árboles como el laurel, el pino, la hierba seca y las flores blancas como azahar y madreselva, las notas a resinaespeciadas como la pimienta, el clavo de olor… y frecuentemente las notas salinasterrosas y minerales a piedra seca, con notas más dulces a mazapánmantequilla o frutos secos… Una  locura aromática!

Existe la opinión de que pueden ser vinos con falta de tipicidad ya que la forma de elaborarlos hace que se acentúen una serie de características que desvirtúan otras importantes, como son el carácter varietal y su lugar de origen, creándose, de esta manera, un estilo homogéneo basado en la sobre extracción.

Pero también existe la opinión de que son los vinos más identitarios que existen, elaborados de forma esencial recuperando tradiciones artesanales ancestrales que consiguen que el vino sea una transmisión directa del viñedo y de la Cultura vitivinícola de la región. Lo que está claro es que los vinos naranjas son vinos diferentes, de no fácil categorización. Dentro de este “estilo” hay gran diversidad de vinos y calidades. En general cabe decir que carácter y expresión frutal no les falta. Son vinos que nos obligan a reconsiderar las cosas, a abrir la mente y encontrar nuevas dimensiones gustativas. 

Bueno, que si te animas y te vas a beber alguno, que sepas que necesitan una temperatura no muy fría, entorno a los 13-16ºC y una decantación que les dé tiempo a oxigenarse e ir abriéndose y mostrar toda la frescura interna que tienen y toda la profundidad y complejidad aromática. Muestran una serie de características que los convierten en claros exponentes de los llamados “vinos gastronómicos” que ofrecen gran diversidad de posibles nuevos maridajes y experiencias gustativas junto a alimentos grasos e intensos. 

¿Quieres probarlos?

Así que ya sabes, no te lo pienses más, abre tu mente y échale una ojeada a la selección que tenemos ahora mismo en La Store de estos vinos con un perfil ORANGE WINE.

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