Monvínic Store Blog - Burn Cottage. Pinot Noir en Central Otago

Por Delia García

El vino en Nueva Zelanda

El inicio de la vitivinicultura en estas islas del Pacífico es relativamente reciente. Lo originaron los misioneros franceses en la segunda mitad del s.XIX en la zona de la bahía de Hawke, en la costa este de la isla del norte. Durante mucho tiempo la producción estuvo basada en el consumo doméstico, pero a partir de los años 1970 empezaron las exportaciones y rápidamente se consiguió un gran éxito en el mercado internacional. Fueron tantas las nuevas plantaciones que ya en el año 1986 el gobierno tuvo que tomar medidas para controlar la expansión de la superficie de viñedo. A mediados de los años 1990 se dio de nuevo una importante expansión comercial con el éxito de sus característicos vinos jóvenes varietales, frescos e intensamente aromáticos, un tipo de vino que los mercados externos demandaban en gran volumen. La fama de estos vinos jóvenes, nítidos y de fácil consumo ha convertido a Nueva Zelanda en uno de los países comercialmente más emergentes desde hace años.

Pero esta notoriedad ha originado que, desde principios de este siglo, la creación de modernas y grandes bodegas y el aumento de la superficie vitivinícola se haya triplicado, una proliferación que ha motivado que la producción de uva sea tan desmesurada que se ha dado un superávit obligando a muchas bodegas a malvender sus cosechas a granel e incluso cerrar su negocio. La mayoría de estos nuevos viñedos productivos se han plantado en amplios valles, zonas con grandes llanuras de suelos aluviales procedentes de los sedimentos de los ríos, suelos muy profundos y ricos en nutrientes que originan viñedos muy productivos. La conducción se ha hecho en espaldera, con una elevada pared vegetativa (cerca del 1,5 m) y con acciones de continuos e intensos deshojados para conseguir mayor exposición solar. Estos factores, unidos a las abundantes precipitaciones generales en estas islas, han hecho que estos viñedos tengan un elevado vigor en detrimento de la calidad y la maduración correcta de la uva. Por eso muchos de los vinos procedentes de este país son intensos y afrutados, pero están faltos de dimensión, profundidad, equilibrio y autenticidad.

Revolución en la vitivinicultura neozelandesa

Pero desde hace unos años se está dando en Nueva Zelanda una nueva mentalidad en la producción de vino y cada vez se pueden encontrar vinos con mayor calidad y complejidad. Contínuamente tenemos información de nuevos pequeños vignerons que están produciendo vinos con una elaboración artesanal, obteniendo así vinos lejos de este estilo tan homogéneo y comercial tipo “Nuevo Mundo” con el que hemos identificado durante años la producción de estas islas, una nueva forma de interpretar este oficio que aporta un elemento esperanzador en cuanto al futuro del vino neozelandés.

Algunas bodegas están trabajando de una forma orgánica y biodinámica, con la premisa de buscar la expresión del lugar en sus elaboraciones, haciendo una vitivinicultura minimalista, dejando que la fruta se exprese partiendo del trabajo dedicado en el viñedo y de unas vinificaciones poco intervencionistas. Son vinos elaborados mediante pequeños lotes para extraer todo el potencial diferenciador de cada parcela y variedad, sin aditivos, utilizando levaduras indígenas y bajos niveles de SO2. Son pequeños productores para los que el vino que producen es un reflejo de su espíritu y  su forma de entender la vida, artesanos tan interesantes como los referentes Mike y Claudia Elze de Pyramyd Valley en North Canterbury o Gareth King de Felton Road en Central Otago y otros más recientes como Lance Redgwell de Cambridge Road y Mike Cornish de Alana Wines, en Martinborough, Alex Craighead de Don Wines y Kindeli, Colin Cross y Clive Dougall en Seresin Estate y Sam y Mandy Weaver de Churton en Marlborough, Nick Mills de Rippon y Steve Green de Carrick Wines o la bodega que aquí nos ocupa, Burn Cottage, en Central Otago.

Pinot Noir en Nueva Zelanda

Nueva Zelanda es uno de los países más meridionales del mundo. Cuenta con un clima oceánico fresco y lluvioso, con heladas y vientos cortantes procedentes de la Antártida que hacen difícil el cultivo de la vid. Es por eso que la viticultura se centra en las áreas más templadas y secas del país, principalmente en la costa oriental de isla del norte, en zonas como Gisborne y la bahía de Hawke, o en la parte más septentrional de  la isla del sur,  en la famosa región de  Marlborough. Se plantan las principales variedades internacionales que se adaptan bien a este clima fresco, como la Sauvignon Blanc o la Riesling entre las blancas y la Pinot Noir de entre las tintas. De hecho, distritos  de la isla sur como Martinborough  o Central Otago, son lugares con una latitud y un clima frío análogo a grandes zonas de producción de la Pinot Noir como son la Borgoña, Oregón o Victoria.

Desde hace tiempo los vinos elaborados con esta variedad están despertando mucho interés internacional por la calidad que poco a poco están consiguiendo. Como comenta el crítico Nick Stock en su blog de JamesSuckling.com, para los productores neozelandeses de Pinot Noir  claramente su referente es la Borgoña.  En la 10ª COPNL (Central Otago Pinot Noir Celebration) que se realizó en febrero del 2014,  el gran Aubert De Villaine (Domaine de la Romanée-Conti y Domaine A. et P. De Villaine) dijo que quizá aún no existen es este país lo que se podrían considerar grandes vinos elaborados con Pinot Noir, pero que era significativo el hecho de que allí la industria del vino es aún muy joven y que lo más importante es que existe una voluntad por parte de muchos pequeños viticultores de elaborar vinos de terroir,  una voluntad que hace pensar que se va a dar una rápida evolución hacia vinos de cada vez más personalidad.

Una de las bodegas que está ofreciendo hoy en día una de las propuestas más interesantes elaborando vinos frescos, complejos y profundos con Pinot Noir es Burn Cottage, con el excéntrico Marquis Sauvage al frente y el trabajo de Claire Mulholland (procedente de la pretsigiosa bodega Martinborough Vineyards ) y del gran Ted Lemon.

Marquis Sauvage. De Colorado a Central Otago

Marquis Sauvage es un hombre genialmente singular procedente de Colorado. Pertenece a una familia de ganaderos que se han dedicado durante muchos años al algodón y al cultivo de trigo en Kansas, una familia con una larga tradición en las exportaciones agrícolas. En los años 1990 iniciaron negocios de distribución de vinos en diversos Estados de América del Norte como Colorado, Illinois, Texas y Nevada (Maverick Wines Company, Vin Sauvage…) y una bodega en Alemania, Koehler-Ruprecht, en Pfalz, que dirige su hermano Alan. En el 2001 Marquis Sauvage y su mujer Dianne estaban en un viaje de regreso desde  Australia y habían decidido visitar varias regiones de Nueva Zelanda ya que buscaban un lugar donde iniciar su propio proyecto de vitivinicultura. La región de Central Otago, con sus vinos y su carácter rural, los conquistó y pronto encontraron esta finca de 24 hectáreas en Cromwell, en las faldas de la cordillera de Pisa.

Central Otago es la zona más meridional a nivel mundial en la que se planta vid. Es una región interior donde la Pinot Noir se desarrolla en buenas condiciones,  con un clima de carácter más continental y no tan oceánico como los lugares más costeros. Un clima con menos precipitaciones (alrededor de 300 mm anuales) y más contrastes térmicos entre el día y la noche y entre las estaciones, con veranos cálidos e inviernos fríos.  La finca estaba en un lugar perdido en el que tradicionalmente existía una subsistencia basada en la agricultura y la cría de ovejas, un lugar que por aquel entonces, hace unos 15 años,  se empezaba a valorar como una de las regiones más adecuadas para el cultivo de una variedad tan complicada como es la Pinot Noir.

Ted Lemon y el sitema de granja diversificada e integrada

Cuando llegaron en  el 2002  a la finca, nadie en Central Otago estaba cultivando según los preceptos de la Biodinámica. Marquis de Sauvage quería conseguir vinos con una buena acidez y llenos de identidad y equilibrio. Para ello  desde el inicio contó con la colaboración y asesoramiento de Ted Lemon, propietario de la bodega californiana Littorai Wines (Sonoma y Mendocino) y gran conocedor de las teorías y del trabajo empírico de la agricultura ecológica, integrada y sostenible.  Ted estudió en la Borgoña y allí tuvo una importante trayectoria laboral en excelentes bodegas como Bruno Clair, Domaine Dujac, Domaine Roumier, Domaine Aubert et Pamela De Villaine y, de hecho, es conocido internacionalmente por ser el primer estadounidense en ser contratado para dirigir una bodega de la Borgoña, el Domaine Guy Roulot (Meursault). También trabajó en otros interesantes lugares para la Pinot Noir como Oregón o en su California natal. Ted lleva trabajando desde 1990 la tierra siguiendo técnicas basadas en la permacultura, la agro-ecología y la filosofía de la agricultura biodinámica.

Ted y Marquis de Sauvage se tomaron como un reto el poder poner en marcha este pequeño proyecto y elaborar grandes Pinot Noir en Central Otago confiando plenamente en la calidad de ese lugar. Para ello Ted les ayudó a extraer todo el potencial cualitativo de cada lugar mediante el trabajo de granja integrada. El objetivo es crear equilibrio natural produciendo la mayor cantidad de las necesidades agrícolas dentro de la finca, de una manera armoniosa y respetuosa con el medio ambiente. Así, la finca está compuesta de 10 hectáreas de viñedos, pero lo más importante es el multicultivo que hacen trabajando otras más de 20 hectáreas de tierras con otras plantaciones diversas como olivos, grano y especies vegetales nativas que han replantado con la intención de restaurar el hábitat propio del lugar. Es un sistema de granja cerrada totalmente integrada y auto-suficiente. Consideran la diversidad biológica como la piedra angular de la agricultura sana, tanto en el viñedo como en la granja, la única forma de conservar la tierra. Parte importante de este trabajo integrado es la existencia de diversos animales como gallinas, cerdos, colmenas o el  ganado de la montaña que tienen para proveer de pastoreo y ser suministro de abono para sus preparados biodinámicos y el compost que hacen para nutrir y vigorizar la tierra.

En el viñedo se plantaron cepas haciendo inicialmente una buena selección de pies y clones correctos según las diferentes parcelas, sus suelos y exposiciones. La finalidad es obtener una excelente uva con una acidez natural viva y marcada, y no tener así que acidificar, como tiende a ser la práctica más común en las elaboraciones convencionales de Central Otago. La buena agricultura que desarrollan les permite tener un fruto con una correcta madurez fenólica, con un menor grado Brix y una buena acidez real. Su filosofía, tanto en el cultivo como en la vinifivación en la bodega,  se resume en la mínima intervención, minimizando el uso de azufre y sin utilizar aditivos en la elaboración, tales como levaduras, bacterias u otros productos nutricionales, y evitando filtrados y trasiegos, ya que los trabajos los hacen por gravedad sin usar bombas y siguiendo los ritmos lunares y celestes.

Con su agricultura consiguen controlar el problema más común en el cultivo de la Pinot Noir que es el cuajado. Durante el período de la floración, debido a las bajas temperaturas y a la alta humedad, es común que se dé en las cepas problemas de corrimiento y la aparición de síntomas de la llamada millerandage (las bayas no se desarrollan bien y se quedan pequeñas y verdes). Esto provoca una maduración muy irregular y heterogénea en los racimos. Es por eso que es habitual ver en los viñedos el uso desde antes del envero de grandes redes que cubren las plantas y mitigan un poco este problema, a la vez que protegen el fruto de la aves.

Burn Cottage. El vino.

El primer vino que salió al mercado fue la añada 2008, un lote experimental vendido bajo una segunda etiqueta. Hoy en día están elaborando alrededor de 12.000 botellas.

Los vinos elaborados con Pinot Noir en este país generalmente carecen de una estructura tánica suficiente, unos taninos nobles similares a los que se perciben en los grandes vinos borgoñones. Esta marcada estructura más lineal sólo se podrá conseguir con el trabajo en el viñedo, consiguiendo un fruto de alta calidad a partir de rendimientos muy bajos, una calidad que origine vinos llenos de estructura y delicadeza. Con el trabajo que están haciendo, Burn Cottage es de los pocos vinos neozelandeses en los que podemos percibir esta dimensión de terroir,  este trabajo sobre la parte más vegetal y ácida de la fruta que aporta al vino profundidad, lejos del carácter más directo, cálido y maduro que predomina en la mayoría de Pinot Noir neozelandeses.

La vendimia se realiza a mano hacia finales de marzo y se alarga hasta principios de abril.  Como cuentan con diversas parcelas con diferentes exposiciones y tipos de suelos (principalmente cuarzo y piedras de río), hacen micro-vinificaciones por separado para tratarlas de forma individualizada y después seleccionar las partidas para poder hacer la mezcla definitiva para el vino final. Tras la fermentación con las levaduras autóctonas y con parte de raspón, el vino pasó a tener una crianza en barricas de roble francés, la mayoría de madera usada (20% de madera nueva). Es un vino con taninos marcados, aunque suaves e integrados, en el que se percibe el carácter jugoso de los vinos de este país pero con un empuje y una vibración inusual. Este 2011 procede de un año complicado, húmedo y frío. Tiene un cuerpo fluido y con una sensación satinada y elegante en boca, con una marcada acidez que lo hace freso y alargado. En nariz está abierto y es fragante, con complejos y cambiantes aromas a fruta roja como cereza y frambuesa, a sotobosque y matorral, con notas a arcilla, especias picantes, hoja de tabaco, chocolate negro y humo.

La imagen de la etiqueta refleja su filosofía de trabajo a través de una iconografía alegórica extraída del  libro de Johann Wolfgang von Goethe llamado “The Green Snake & the Beautiful Lily” (“La serpiente verde y el hermoso lirio”) publicado en 1795, un cuento de hadas que hace referencia a la educación estética del hombre y la relación de éste con el exterior, una obra que fue muy influyente para Rudolf Steiner en sus teorías sobre la Biodinámica.

Con la calidad y personalidad de este vino de la añada 2011, queda claro que tendremos que seguir bebiendo los vinos  de Burn Cottage, y en general muchos de Nueva Zerlanda, para comprobar el potencial que tienen estas islas del Pacífico para hacer grandes vinos más allá de las exigencias y demandas de los mercados.

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